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| Foto de Filbert Mangundap. |
FINALES DEL VERANO, SANTIAGO 1996
Tengo 16 años, estoy en enseñanza media (secundaria en otros países). En la escuela a veces hablo con una muchacha un año mayor, la llamaré Fernanda, porque no es ese su nombre real.
No entiendo mucho a Fernanda, para ella es importante ser cool. Cuenta con orgullo cada concierto al que va y los relataba completamente para que nadie dude de que ha estado allí. Le gusta que le digan Feña, porque es como su marca registrada, a sus cosas le escribe Feña y no Fernanda.
Llevo un vestido negro con lunares blancos que me encanta. Voy caminando junto a mi mamá, a la Escuela Dominical.
Llegando a una esquina diviso a la Feña con su grupo de amigas. Recuerdo que la líder del grupo vive a unas calles de la casa de mis padres. Cuando nos cruzamos saludo a mi prospecto de amiga y ella sigue caminando. Supongo que no me ha visto, así que insisto en saludarla. Ella llena de vergüenza me responde el saludo.