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| Foto de Jakub Kriz. |
He escuchado más de alguna vez a alguien decir que preferiría no sentir miedo. Ahora que lo pienso, he escuchado a más de alguien decir que hay ciertas emociones que preferiría no sentir. Generalmente son emociones incómodas como es el miedo, tristeza o vergüenza. Aunque a muchos les gustaría poder elegir qué sentir —no me incluyo en ese grupo— esto no se puede realizar.
El miedo, al igual que cualquier otra emoción, funciona como una respuesta automática frente a distintas situaciones. Es algo deliberado, involuntario, por lo que, no hay elección al momento de sentir.
Las emociones, sin importar si son agradables o desagradables, cumplen una función. Son necesarias para la vida. En este caso, el miedo nos sirve para evitar circunstancias que nos puedan generar dolor. Tiene una función evolutiva, ya que, a través de la experiencia de la emoción, el cuerpo es informado de que se aproxima una situación que puede atentar contra su supervivencia. Entonces ¿Por qué evitamos tanto sentir miedo?


