Despiertas en la noche, ningún sonido alrededor ¿le llamas a
eso paz?
Despiertas, sin una pizca de sueño. Intentas cobijarte para
seguir durmiendo, pero el silencio no te deja. Abres los ojos y tratas de
escuchar si puedes percibir el ladrido de un perro, pero nada.
Vuelves a dar vueltas en la cama. Después de un rato recién te
acuerdas de Dios.
—¿Qué pasa? Algo debe pasar, el silencio no me deja dormir.
Porque no es paz, es silencio, silencio inquietante, del que
te pone los vellos de punta porque se te eriza la piel.
Eso me pasó casi toda la semana. Silencio inquietante. Sin
poder dormir por casi tres horas y durante el día dormitar por no haber
descansado nada.
Le pregunté al Espíritu Santo por qué orar, traté de
hacerlo, no pude. Así que hice una lista mental y empecé a pedir por las personas
que se me venían a la cabeza. El silencio no me dejó concentrarme.
En este tiempo de incertidumbre, de caos, de escases ¿tienes
un silencio inquietante?
El otro día texteaba con una amiga, me decía que este tiempo
le ha servido para buscar a Dios.
Soy una convencida de que este tiempo para todos los cristianos
nos ha servido para algo. Para encontrar nuestras falencias en nuestra relación
con Dios. Tiempo para hacer un FODA de nuestra vida espiritual.