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jueves, 5 de noviembre de 2020

Para Dios soy suficiente

Foto de Sharon McCutcheon.

En la sociedad en la que vivimos, muchas veces cuesta mantener una autoestima adecuada. Uno prende la televisión, ve mujeres altas, con piel impecable y cuerpos esculturales. Aparecen hombres altos, musculosos y llenos de bienes materiales. Cuesta no seguir el impulso de compararse, y lamentablemente cuando se cae en esta conducta, generalmente salimos perdiendo. En el mundo en que vivimos, donde la apariencia y los bienes parecieran ser lo trascendental, cuesta mantener una buena autoestima y una seguridad en sí mismo(a).

Hablábamos la semana pasada con respecto a la depresión. Uno de los síntomas de esta enfermedad es la sensación de inutilidad, donde la persona siente que no tiene un valor. Sucede algo muy parecido en los trastornos de la conducta alimentaria, como es la anorexia y bulimia nerviosa. En este caso, la persona se relaciona de forma negativa con la comida y con su cuerpo, atravesando períodos donde no consume ningún tipo de alimento o consume en exceso, como es el caso de la bulimia, para posteriormente buscar una forma de eliminar del organismo lo consumido. Detrás de esta conducta, el pensamiento que hay es: no soy suficiente… La frase se puede terminar de varias formas, no soy suficientemente: bella, delgada, popular, genial, etc. Independiente de cómo se culmine la frase, el sentimiento es el mismo. Hay una meta que alcanzar, que es la expectativa de la persona con trastorno alimenticio, la cual haga lo que haga, no logra alcanzar.

jueves, 17 de septiembre de 2020

No Es Cuando Quiero

Foto de Anastasiya Pavlova.
Desde niña creí que me casaría a los 27 años ¿por qué pensaba de esa forma? Porque a la primera boda que asistí fue a la de una prima, ella tenía 27 años.

Recuerdo que en esa época siempre me gustaba alguien, incluso muchachos que no conocía, me gustaban solo porque me parecían lindos. Este hábito me siguió hasta la universidad. Nunca tuve novio (o pololo como decimos en Chile). Me titulé de la universidad, siguieron pasando los años, seguía sola. Pero a medida que pasaban los años y alguien me preguntaba si tenía novio y respondía:

No, no tengo.

—¿Pero cómo? ¿Por qué estás sola?

Ese tipo de situaciones me hacían sentir pésimo. Cuando tenía 29 años, después del fallecimiento de mi madre, tuve una relación de tres meses. A él nunca lo quise, éramos agua y aceite, no teníamos nada en común. Solo inicié esa relación para no estar sola, extrañaba mucho a mi mamá, no quería enfrentar su pérdida. Ha sido una de las cosas más egoístas que he hecho.

Pasé a mi tercera década de vida. Mis treinta comenzaron como pesadilla, porque agregado a la conversación que cité unos párrafos más arriba se sumó la frase: