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jueves, 2 de septiembre de 2021

La crisis epiléptica del cristiano

Foto de Vladislav Babienko.

Hace algunos días me subí al auto de mi papá y vimos como una persona en el paradero de la micro (bus) caía y empezaba a convulsionar. Salimos corriendo y le brindamos ayuda, hasta que llegó una ambulancia a socorrerlo. La imagen de la persona cayendo no ha podido salir de mi mente. 

Hace algunas semanas en mi trabajo tuve que evaluar a una paciente con epilepsia. Ella estaba postulando a una cirugía cerebral, con el objetivo de reducir las crisis epilépticas. Yo le pregunté por qué quería realizarse esta cirugía. Ella me respondió que era porque le angustiaba la pérdida de control de su cuerpo. Eso me hizo pensar que muchas veces como cristianos perdemos el control de nuestra vida y seguimos como si nada. Realizamos acciones que van en contra de lo que Dios considera correcta, y no nos detenemos a reflexionar, ni menos nos arrepentimos de lo que hemos hecho. 

jueves, 1 de abril de 2021

Dale volumen

Foto de Michael Oeser.
Si buscas en el diccionario las palabras Oír y luego Escuchar, te darás cuenta de que no significan lo mismo.

Según Google, cada una de estas palabras significan lo siguiente:

Oír: Percibir una cosa por medio del sentido del oído.

Escuchar: Prestar atención a lo que uno oye.

Entonces, si la Biblia es la palabra de Dios, al leerla ¿lo oímos o escuchamos?

Al hacer mi lectura de la palabra de Dios me he sorprendido en varias ocasiones solo oyendo. Te explico. Leo, pero hago como que no leí porque “no me conviene", sin embargo, cuando quiero obedecer lo que dice la Biblia tengo que escuchar y obedecer, aunque no me guste o “no me convenga".

El obedecer a Dios no siempre es fácil, tenemos que dejar a un lado muchas cosas. Abandonarnos en los brazos de Dios, salir de nuestra zona de comodidad, "dejar de hacerle cariño a ese pecado que tanto nos gusta" como decía una profesora de la escuela dominical cuando era adolescente.

jueves, 4 de marzo de 2021

La tentación de Saurón

Foto de Mike Swigunski.

Estando de vacaciones, le comenté a un amigo que nunca había visto El Señor de los Anillos, frente a lo cual se sorprendió y me motivó a verla. Alcancé a ver sólo la primera película de la saga: La Comunidad del Anillo. Intentaré resumir la historia para aquellos que no la han visto. Pido disculpas (si hay algún fanático por ahí) y cometo algún error. 

Existe un anillo que fue creado por Sauron, el antagonista de la película. Él atrae a distintas personas y los convierte en sus súbditos, llevándolos a realizar acciones malignas en contra de quienes interfieran en la búsqueda del preciado anillo. Este anillo tiene mucho poder, razón principal por la cual es tan deseado. A quien lo utilice, corrompe su corazón para usar el poder contra cualquier persona. Por lo mismo, algunos consideran que lo mejor es destruirlo. El único capaz de no verse tentado por este anillo es Frodo, el protagonista, quien realiza la travesía necesaria para llevar esta argolla a donde pueda ser eliminada. 

Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar
1 Pedro 5:8| Reina Valera 1960 (RVR1960)

Cuando miraba la película, reflexionaba con respecto al parecido que hay entre Sauron y Satanás; ambos haciendo lo posible por tentar a las personas y haciéndolas caer para convertirlas en sus súbditos. No nos damos cuenta que Satanás no tiene otro objetivo que buscar atravesar su condena acompañado. Aunque nosotros tengamos muchas actividades y nos dejemos llevar por ellas, Satanás no tiene otra tarea que buscar la manera de alejarnos de Dios y atraernos a él.