Comencé a trabajar a los 19 años. En una de las
conversaciones con mis nuevos colegas me contaron la historia de una señora, la
que voy a llamar “Flora”. La señora Flora cuando era una joven se casó. Se
divorció para casarse con el esposo de su mejor amiga.
Todos los protagonistas
de esta historia, continuaron trabajando en el mismo lugar hasta jubilar. Fin
de la historia.
Lo que más me llamó la atención de esta historia es que
nunca pregunté al respecto, nunca pedí más información, sin embargo, cada
detalle aparecía con lujo de detalles. También cometí el error de escuchar,
debí haberlos frenado.
No me extraña de un ambiente de trabajo, siempre hay
chismes. Lo que me llama la atención es que esto lo he visto en las
congregaciones de las iglesias.
Cuando llegué a mi actual congregación, pasó lo mismo: la
historia de “él” y la historia de “ella”. Teniendo presente el pasado de las
personas como si fuera hoy.
De
modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron;
he aquí todas son hechas nuevas.
2
Corintios 5:17 | RVR60
Esta situación siempre me ha recordado el texto de uno de mis
libros cristianos favoritos “Mírate Como Dios Te Mira” de Josh McDowell,
específicamente esto:
“Hasta la iglesia es, en ocasiones, culpable de empañar el asunto
de la identidad cuando pone demasiado énfasis en la vieja naturaleza pecaminosa,
ya crucificada y sepultada con Cristo.
Mirarnos como meros “pecadores convertidos” puede afectar
negativamente nuestro sentido de identidad. Después de todo, no nos referimos a
las mariposas como gusanos convertidos.”