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jueves, 4 de noviembre de 2021

Miedo

Foto de Mahdi Bafande.
Caminaba dándole la espalda al horizonte en donde el sol se escondía en la tarde. Una sensación de fallarle a Dios, caer en pecado y destruir mi vida actual me invadió. Mi espíritu se sintió atrapado dentro de mi cuerpo, gritaba y gemía pidiendo ayuda a Dios “¡No me permitas caer en tentación! ¡No permitas que me aparte de tu lado!”

Continué caminando, rogando a Dios que mi fe en Él fuera más grande que las tentaciones, más grande que mis miedos. Me encontré al frente de un pequeño árbol con hojas verdes nuevas y relucientes de vida. Recordé como estaba en otoño, el pequeño árbol con sus hojas secas daba la apariencia de ser una rama enterrada en el suelo, casi sin vida.

En segundos Dios me habló a través de ese árbol, siendo tan pequeño pudo renacer, Dios también podía hacerme renacer, aferrándome a Él sin dudar. Las lágrimas cayeron por mis mejillas arrastrando fuera de mí el temor y Dios llenó el vacío que las gotas iban dejando.

 
Sino que el amor perfecto echa fuera el temor. El que teme espera el castigo, así que no ha sido perfeccionado en el amor.
1 Juan 4:18 | NVI
 

"El miedo paraliza la fe", esto lo escuché en la radio, en una predicación del Pastor Chaparro (@ictueoficial en Instagram). Es una gran verdad.

jueves, 3 de junio de 2021

Si terminamos, ¿por qué quiero volver?

Foto de Armand Khoury.
¿Cuántas veces has escuchado la historia de aquella persona que vuelve una y otra vez con su ex pareja? ¿Lo has hecho? ¿Lo has pensado como una opción? ¿Por qué deseamos volver a lugares donde sentimos dolor? ¿Por qué olvidamos todo ese dolor cuando pensamos en regresar a esos lugares?

El otro día escuchaba a una psicóloga hablar sobre el apego al sufrimiento y recordaba varios momentos donde quise restablecer relaciones donde sufrí. No hablo sólo de relaciones amorosas, pues no son los únicos vínculos que generan dolor. Muchas veces uno desea intentar restablecer relaciones de amistad o familiares. ¿Qué nos hace querer volver ahí? El apego al sufrimiento. Y no es que seamos seres masoquistas que nos guste sufrir. En lo absoluto. No se trata de eso. Si se tratara de eso, sólo pensaríamos en los momentos tristes que vivimos en esas relaciones. La realidad es que lo que hacemos es enfocarnos en los momentos felices, como si el dolor que sentimos en su momento, no tuviese ninguna importancia. Si no es por masoquista, entonces ¿por qué es?

jueves, 25 de marzo de 2021

La pandemia tocó mi puerta

Foto de Marjan Blan.
El otro día me encontraba participando del culto virtual que se realiza en mi iglesia y recordé el tiempo cuando la pandemia tocó mi hogar. 

Estábamos en junio, pleno invierno en Chile, la cantidad de contagios aumentaba y de pronto, el virus ingresó a mi casa. Aún recuerdo que estábamos jugando carioca (un juego de naipes) con mis papás y empezamos a percatarnos que a mi papá se le cerraban los ojos, se notaba muy decaído. Esto sucedió de un momento a otro. En el día había ido a trabajar, participó del culto, pero después su energía se desvaneció. Enseguida empezamos a pensar que podría haberse contagiado. Después de unos pocos días confirmamos lo que temíamos. Mi papá se había contagiado de Covid-19.

La primera reacción fue organizar la casa. Mi padre se aisló junto a mi mamá, mientras que yo me dediqué a cuidarlos. Hubo días tranquilos y otros en que en plena madrugada debimos arrodillarnos para clamar a Dios. Ahí estaba yo detrás de una puerta orando, mientras mis padres estaban al otro lado clamando para que Dios tuviera misericordia. Gracias a Dios, mi padre nunca tuvo que asistir a un servicio de urgencia y aun lo tenemos con nosotros. 

Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti
Isaías 43:2 | Reina Valera 1960

Este versículo bíblico leía el predicador el domingo, y fue el que me hizo recordar la situación de mi papá.

jueves, 10 de diciembre de 2020

Búscame

Foto de Garrett Sears.
Durante estos meses he escuchado muchas predicaciones sobre los beneficios de servir a Dios, pero he escuchado poco de como vivir para esperar preparados la venida de Cristo. Creo que este último tema no es nada popular, siempre queremos que nos hablen de lo bonito que es servir a Dios y de los beneficios que recibimos al ser hijos de Dios.

“Cristo viene”, una frase que la escucho desde niña y que mis padres (de más de 70 años) también la escuchaban, pero ¿Cuándo va a venir? La Biblia trata este tema y lo único que tenemos por seguro es que nadie sabe.

Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre.
Mateo 24:36 | Reina-Valera 1960 (RVR1960)
 
También otra frase que escuchaba de niña: “lo tenemos por tardanza”, dando a entender que puedo estar relajado, Jesús aún no volverá. Sin embargo, al examinar la palabra, esta “tardanza” va asociada a la misericordia de Dios, a que Él anhela que le busquemos arrepentidos, convencidos de que somos pecadores.
 
El día del Señor
Pero, amados, no ignoréis esto: que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento. Pero el día del Señor vendrá como ladrón, en el cual los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos serán destruidos con fuego intenso, y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas.
2 Pedro 3:8-10 | La Biblia de las Américas (LBLA)
 

jueves, 10 de septiembre de 2020

Manos Tatuadas

Foto de Kristaps Ungurs.

El otro día comencé a pedirle a Dios por este post. Generalmente en las mañanas viene la respuesta de diferentes formas, esta vez había en mi mente una alabanza que escuchaba cuando tenía 20 o más años del grupo 3x1, que dice así: “Tu nombre está escrito en la palma de la mano del Señor…” (te dejo el link para que la escuches en las recomendaciones de esta semana). Luego busqué versículos que hablaran sobre esto, y me encontré con el libro de Isaías:

  
Grabada te llevo en las palmas de mis manos; tus muros siempre los tengo presentes.
Isaías 49:16 | Nueva Versión Internacional
  

“Grabada” pensé ¿Qué te grabas en la piel? Tatuajes, fue lo que vino a mi mente y al mismo tiempo recordé que nunca me escribo cosas en las manos para no olvidarlas. Una vez lo hice cuando niña por recomendación de una compañera de curso en la escuela. No podía dejar de ver mi mano. Sentí que esas líneas habían pasado a ser parte de mí. A cada momento miraba mi mano y lo escrito en ella con un lápiz de color azul. Metía mis manos en los bolsillos para no tener que mirarlas, pero pensaba en lo que había escrito, ahí siempre presente. Creo que por eso nunca me he hecho un tatuaje, porque no se borran. Incluso si te sometes a sesiones con láser para borrar algún tatuaje no es garantía de que este se borre por completo.

jueves, 27 de agosto de 2020

Low Battery

Foto de SCREEN POST
No he escrito mucho cobre mi embarazo. Sí, estoy embarazada de seis meses y medio. Es mi primer bebé, será una niña a la que amo mucho, ya que se la pedí a Dios y Él me respondió.

Este proceso del embarazo fue buenísimo los seis primeros meses. Todo lo que dijeron que me pasaría en un principio me comenzó a pasar ahora: nauseas, malestares en general, alergias, etc. Todo ahora después de cumplir los seis meses. Lo que más me ha costado asumir es el cansancio. Hago cualquier cosa y me agoto mucho, hasta en las mañanas me siento cansada.

En mi devocional, no fue la excepción, estaba leyendo y me sentía cansada. Dios intervino en esa lectura, le dio fuerzas a mi espíritu.

Hoy al iniciar el día estuve solo un rato en el patio de mi casa, limpiando y jardineando un poco. Me agoté y me senté para descansar un rato, el que transformó en una hora, porque me quedé dormida en el sofá.
  
Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna.
Salmos 73:26 | NVI

jueves, 9 de abril de 2020

No fue el conejo

Foto de Waranya Mooldee.

Crecí sin saber la historia del conejo de Pascua.

Pertenezco a una familia cristiana, evangélica o canutos como nos dicen en Chile.

Para Semana Santa tenía diversos panoramas. Por tres o cuatro años seguidos, con mi hermana mayor nos preparábamos el Viernes Santo ya que por televisión abierta transmiten la película Jesús de Nazareth, dura más de seis horas; así que buscábamos: cojines, mantas y cosas para comer. Nos instalábamos en el living (sala) de la casa y llorábamos en las escenas de la Pasión de Cristo. Sábado y domingo generalmente había actividades en la iglesia. Al terminar la semana la predicación era explicar por qué Jesús murió en la cruz. Siempre derramaba lágrimas (aún lo hago) al imaginar el sufrimiento que debió pasar.


Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados.
Isaías 53:5 | NVI

jueves, 2 de enero de 2020

A mi ritmo

Foto de Aditya Ali.

Hoy desperté mal, con tanto sueño que mientras me duchaba me puse a llorar, no quería ir a trabajar por el cansancio.

Estos últimos días he estado despertando a las dos de la mañana sin poder volver a dormirme. Mi mejor opción es ponerme a orar, pero no lo logro, no puedo concentrarme. A veces pienso que el final de año hizo que se me acumulara el cansancio. Tomé una semana de vacaciones en noviembre, aunque no las disfruté mucho por la situación vivida en mi país por el estallido social.

He estado con dolores cervicales. He estado odiando mi cuerpo frente al espejo. He estado detestando el desorden que tengo en mi casa. He estado evitando cocinar. He estado evitando muchas cosas. Realmente me siento desconectada de todo. Pero lo que más me duele es estar desconectada de Dios.

 ¿Por qué, oh SEÑOR, te mantienes alejado, y te escondes en tiempos de tribulación?
Salmo 10:1 | La Biblia de las Américas