jueves, 16 de septiembre de 2021

Pablo, la serpiente y los haters

Foto de Jan Kopřiva.
Recuerdo que desde muy niña me hicieron bullying en la escuela. En esa época, los ochentas, no se le llamaba de esa forma, tampoco acoso. Simplemente era que te molestaban.

Este tipo de situaciones, con los años ha ido evolucionando. Mi madre, cuando yo era niña, me decía: "defiéndete", lo hice, llamaron a mi mamá para que hablara con la directora del colegio. A uno de los niños que me molestaba lo patee en el suelo. Si eso sucediera en estos tiempos me expulsarían de inmediato.

Sí, los haters siempre han existido, listos para atacar en cualquier circunstancia. No les importa si eres buena o mala persona. No les importa si eres un buen estudiante, trabajador, hijo, madre, padre, pastor, etc. Lo único que importa es que seas una víctima para atacar, sin importar consecuencias.

Sé que los haters los asocian con las redes sociales, pero los tenemos presentes en todas las instancias.

Supe de ellos por el suicidio, hace años, de una niña de once años en Iquique, una ciudad del norte mi país, Chile. A través de YouTube le hicieron tanto bullying que tomó esa determinación a sus tiernos años. Nunca lo he olvidado por lo fuerte que me pareció la historia. Las cosas con los años han ido empeorando, hasta llegar a esos juegos que te invitan al suicidio sin usar esa palabra jamás.

jueves, 9 de septiembre de 2021

Mi alma no se cansa de alabarte

Foto de Ashkan Forouzani
Si uno pudiese mencionar las razones por las cuales uno alaba a Dios, estaría horas, días, meses y años, y probablemente nos faltaría tiempo. Cada uno de nosotros ha tenido sus propias experiencias con Dios, las cuales posiblemente son muy distintas. Aun así, podríamos aunar estas razones en dos grupos principalmente: lo que ha hecho Dios y quien es Dios.

Aclamad a Jehová con arpa;
Cantadle con salterio y decacordio.
Cantadle cántico nuevo;
Hacedlo bien, tañendo con júbilo
Salmos 33:2-3 | Reina Valera 1960

jueves, 2 de septiembre de 2021

La crisis epiléptica del cristiano

Foto de Vladislav Babienko.

Hace algunos días me subí al auto de mi papá y vimos como una persona en el paradero de la micro (bus) caía y empezaba a convulsionar. Salimos corriendo y le brindamos ayuda, hasta que llegó una ambulancia a socorrerlo. La imagen de la persona cayendo no ha podido salir de mi mente. 

Hace algunas semanas en mi trabajo tuve que evaluar a una paciente con epilepsia. Ella estaba postulando a una cirugía cerebral, con el objetivo de reducir las crisis epilépticas. Yo le pregunté por qué quería realizarse esta cirugía. Ella me respondió que era porque le angustiaba la pérdida de control de su cuerpo. Eso me hizo pensar que muchas veces como cristianos perdemos el control de nuestra vida y seguimos como si nada. Realizamos acciones que van en contra de lo que Dios considera correcta, y no nos detenemos a reflexionar, ni menos nos arrepentimos de lo que hemos hecho.